«El hambre es la compañera de la guerra». Herbert Hoover
Un viejo dicho reza: «Hambre que espera hartura, no es
hambre». Solo padeciéndola, sin esperanza de alimento alguno, se podría conocer
esta desgracia como realmente es; como la sed, su gemela.
Otra guerra que dispara los precios de los hidrocarburos y
los fertilizantes. Las consecuencias inflacionarias son conocidas. Geopolítica,
control hegemónico, dominio financiero, negocio de armamentos, expansión
territorial, regiones de influencia imperial, estrangulamiento energético,
rutas críticas... hay muchos motivos conjugados entre sí.
Es el preámbulo de algo mayor. Por ahora es un conflicto
bélico para imponerse: contención o sometimiento alrededor del petróleo y el
gas.
Se comenta que, en términos prácticos, es poco probable que
el mundo se quede sin petróleo por completo. El fin de la "era del
petróleo", luego de un pico de demanda, vendrá impulsado por factores
económicos y ambientales antes que por el agotamiento físico del recurso.
La Agencia Internacional de la Energía estima que la demanda
mundial podría alcanzar su punto máximo para 2030, comenzando a declinar a
medida que crecen las energías renovables y el uso de vehículos eléctricos. ¿Y
la industria? ¿Y la generación de electricidad? ¿Y el transporte aéreo y el
marítimo? ¿Con más energía nuclear?
Mientras avanzamos dentro de algunas décadas hacia esos
escenarios futuros, al presente la realidad golpea trágicamente: guerra y
hambre, sangre y dolor, odio y muerte, miedo y horror. Pero el dolor ajeno no
quita el sueño... seguimos insensibilizándonos con una pasmosa desconexión
hacia los demás.
Como ya fue escrito:
La guerra es la mejor
amiga del hambre.
El hambre de guerra
del hombre.
La guerra en nombre
del hambre.
Devorándose
unos a otros.
El hambre al hombre.
La guerra al hambre.
El hombre al hombre.
Hasta que un día
no quede nada...
Ni guerras
ni hambre
ni hombres.
Dwight Eisenhower en su discurso “The Chance for Peace”,
pronunciado en 1953, en pleno inicio de la Guerra Fría dijo: "Cada arma
que se fabrica, cada buque de guerra que se bota, cada cohete que se dispara
significa, en última instancia, un robo a quienes tienen hambre y no son
alimentados, a quienes tienen frío y no son abrigados".
El gasto militar no solo construye armas: también define lo
que se deja de construir. Sin embargo, la industria armamentista en todas las
potencias mundiales, entiéndase USA, China, Rusia, Unión Europea, Reino Unido,
entre otras, es tan poderosa como el sector financiero global y las
corporaciones de desarrollo de altas tecnologías. Esos intereses, esas élites,
son intocables.
Las guerras siempre están justificadas por quienes las
generan, es una realidad histórica. Los motivos que las impulsan tienen
"razones" llevadas al límite. Va desde intereses territoriales,
económicos, ideológicos, teológicos, étnicos... "El Estado es la razón
organizada", y es atinado preguntarse qué tipo de razón. Es como intentar
comprender cómo un ojo puede mirarse a sí mismo sin un espejo frente a él.
En discursos de geopolítica se advierte que: "Olviden
las banderas y la retórica emocional que inunda las redes; lo que ocurre en
Medio Oriente es una reconfiguración de activos a escala global. En el tablero
de las élites, las naciones son solo piezas de infraestructura y las guerras
son el "costo de mantenimiento" para limpiar el terreno de actores
obsoletos. Mientras el público se desgasta en debates ideológicos el mundo no
se está acabando, se está reorganizando".
Los promotores de las guerras y el hambre, deshumanizados,
tendrían como lema lo que nos legó Louis Céline: «La tierra está muerta.
Nosotros somos solo gusanos encima de ella, gusanos en su gordo y asqueroso
cuerpo, comiendo sus entrañas y todos sus venenos. Nada puede ayudarnos,
nacimos podridos».
En esa condición de "no temor a la muerte" se
entendería que para ellos esta es alguna proyección natural, explicado por la
neurología, como sigue:
Es una perspectiva profunda que resuena con la nada absoluta
o el estado de entropía total. Sin un cerebro biológico para procesar impulsos,
las estructuras que construyen nuestra realidad desaparecen:
Tiempo: Sin memoria ni anticipación, el "ahora" se
disuelve.
Lenguaje: Sin un "yo" que necesite comunicarse con
un "otro", las palabras pierden su función.
Pensamiento: Sin flujo de conciencia, queda el silencio absoluto.
Es, esencialmente, el retorno al estado previo al
nacimiento.
Si no hay "existencia" alguna, sin premio ni
castigo luego de morir, según esa lógica, ¿qué importa aplicar el poder en sus
formas más brutales en este plano? No creer en un "algo después" nos
da la falsa sensación de seguridad ante la muerte misma. Y en su opuesto, creer
en ese "algo después" nos humaniza y nos refrena.
El ser humano es una criatura admirable desde la perspectiva
de su biología y degradamos ese privilegio entre guerras
"justificadas" como si fuéramos entes desechables. Freeman Dyson, el
físico visionario, nos invita a mirar la naturaleza con nuevos ojos. En lugar
de ver plantas y animales como simples organismos, él nos propone entenderlos
como la ingeniería más avanzada y sofisticada que ha existido en el universo.
Nuestras máquinas palidecen ante la complejidad de una sola célula. «La
biología es la tecnología más poderosa jamás creada», dijo.
Un anciano, de esos que argumentan que por ser genio no
necesariamente se es infalible y quien gustaba citar frases célebres comentó:
"Quien no ve el mal es porque ha sido engañado por él". Agregó que
hay que recordar que todos nacimos marcados por la fatalidad y por lo tanto la
parca siempre nos nivelará como fuerza ineludible y liberadora. Sentenció que:
"La muerte, ecuánime, tiene dos rostros sonrientes: uno sarcástico para
los malvados y los corruptos y otro, piadoso, para los justos y los sufridos".
Escoja en vida de qué lado quiera estar antes de cruzar ese portal sin
retorno...
Por AGUSTÍN PEROZO
BARINAS


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