En España, los problemas para lograr la documentación marcan el inicio de la regularización de los 500.000 inmigrantes
MADRID (20 Abril 2026).- De momento no hay colas. En la primera mañana de atención presencial para entregar las solicitudes de la regularización masiva, la oficina de la Seguridad Social de la madrileña calle Cedaceros -habilitada para el trámite extraordinario- no está operativa a estos efectos. El personal de la oficina subraya que su labor no es informativa sino de recepción de las solicitudes, para lo que estarán disponibles cuando termine su horario de atención habitual.
"Por la tarde, nos han dicho que por la
tarde", señala un grupo de mujeres ecuatorianas que portan carpetillas
azules de plástico con su documentación. Es una carpetilla parecida a la que
cargan algunas personas que hacen cola frente al consulado de Colombia, localizado
en la siguiente esquina.
"De momento veo el proceso con mucha negatividad:
conseguir los documentos está siendo muy difícil y las asociaciones con las que
he hablado dicen que no pueden ayudarme", expresa una joven de 30 años que
prefiere no decir su nombre: "Me gustaría conseguir los papeles".
Desde hoy, las personas que hayan solicitado una cita
previa -imprescindible para realizar el trámite de forma presencial- podrán
acudir a las oficinas de Correos, Seguridad Social y Extranjería para realizar
el trámite. El Gobierno calcula que 500.000 personas van a beneficiarse de esta
medida, si bien hay estimaciones que elevan la cifra hasta el millón.
Sea como fuere, el procedimiento no está siendo tan
sencillo. La treintañera que nos atiende mientras espera para entrar al
consulado recuerda que hace dos semanas acudió a la representación de su país
para informarse sobre cómo conseguir el certificado de antecedentes penales.
"Pero me dieron información diferente", explica. Hoy sale del
consulado con una tira de papel en la que constan las instrucciones.
Entre las oficinas de representación extranjera que
están expidiendo este certificado con diligencia se encuentra el consulado de
Marruecos. "Antes de que se anunciara la regularización, el país tardaba
en mandarlo un mes. Ahora, las personas que lo solicitan vienen a recogerlo en
dos semanas; a veces menos", explica un trabajador que vigila la entrada a
la sala en la que los ciudadanos marroquís pueden recoger este documento.
Además del certificado de penales, las personas que no
sean ni hayan sido solicitantes de asilo, que no tengan hijos o personas dependientes
a cargo ni una oferta de trabajo, tendrán que presentar un informe de
vulnerabilidad rellenado por una de las entidades colaboradoras de extranjería.
Steve y Lady (33 años) llevan siete meses en España y tendrán que cruzar el país para lograr ese informe. "Hay asociaciones que dicen que sólo atienden a sus usuarios y muchas no saben qué pasos tienen que dar. Una nos dijo que debemos solicitarlo en el Ayuntamiento de Alicante, que es donde estamos empadronados", cuentan. Antes de venir a Madrid, donde viven de alquiler en un piso en Carabanchel, llegaron a Alicante con un visado de turista que luego caducó, por lo que este procedimiento les supone "una oportunidad" para "conocer un país nuevo" y cómo es vivir en él, cuentan.
Barcelona
Eduard Granderson abandona la sucursal de Correos
número 27 de Barcelona, en la Rambla Guipúzcoa, con un semblante de
satisfacción tras una hora y cuarto de tramitación de documentos. Este
venezolano de 38 años llegó en octubre a España porque la situación en su país
"sigue estando fea y tardará varios años en arreglarse". En su
elección pesaron "tres razones": el idioma, un hermano afincado en la
capital catalana desde hace tiempo y su gran pasión por la Liga de fútbol.
"Soy del Real Madrid, ya asumía que venía a terreno enemigo", bromea.
"Todo ha sido muy sencillo, realicé los trámites
mediante el certificado electrónico, pero este último paso he preferido hacerlo
presencialmente para estar más seguro", explica Eduard, que a su llegada a
España empezó a tramitar el asilo político para venezolanos, pero que, en
cuanto se empezó a hablar de la regularización extraordinaria para migrantes,
vio que su objetivo de radicarse en Barcelona iba a ser "bastante más
fácil" de lo que esperaba.
Licenciado en Ingeniería de sistemas, realiza
actualmente un curso de programación del Servicio Público de Empleo de Cataluña
y, con los papeles en regla, espera poder trabajar lo antes posible.
"Venimos a este país a sumar", reivindica.
Esta sucursal de Correos de La Verneda i La Pau,
barrio de clase trabajadora y con un alto índice de población extranjera, es
una de las 13 de la ciudad (además de tres oficinas de la Seguridad Social) que
desde hoy prestan servicios de atención presencial para la regularización.
Carolina Venegas, chilena de 50 años, ha acudido a las 9.15 horas con sus hijas
Florencia y Javiera Núñez, de 18 y 19, y casi han pasado dos horas hasta su
salida. En su caso, la cara de satisfacción no es completa, ya que no han
podido presentar el informe de vulnerabilidad sellado. "Nos pasamos el
jueves y el viernes enteros al teléfono con los Servicios Sociales municipales
y no ha habido manera de tenerlo firmado", explican. También aseguran que
se pusieron en contacto con varias de las entidades colaboradoras designadas
por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, pero
"apenas sabían de lo que les estábamos hablando".
Llegaron a España en febrero de 2020, justo antes de
la pandemia de covid, porque el padre iba a cursar un máster por dos años en
Barcelona. Los retrasos a causa de la crisis sanitaria y que la tercera hermana
hubiera iniciado estudios universitarios llevaron a que decidiesen quedarse en
Barcelona, pero hasta el momento los visados solicitados por el progenitor no
han servido para poder llegar a la reagrupación familiar anhelada.
"Tengo ganas de trabajar, sentirme útil y hacer
cosas por los demás", dice Carolina, que ha realizado tareas de limpieza,
pero que ofrece su "larga experiencia como profesora especializada en
desarrollo motor".
"No hemos vuelto a Santiago desde 2021 y nos
gustaría poder hacerlo una vez tengamos los papeles", expresan. Eso sí,
ven su futuro en España, donde creen que "se vive mejor porque hay mucha
más seguridad". "Además, aquí estudio algo que me gusta y que en mi
país no existe", señala Florencia en alusión a un Grado medio de Guía en
naturaleza y tiempo de ocio.
El goteo de gente que entra y sale es "muy
similar" al de otro lunes cualquiera, señala un empleado de la sucursal de
Correos 27. Las largas colas, en cambio, se repiten como a finales de la semana
pasada en otros puntos de Barcelona, como la Oficina de Atención a la
Ciudadanía de la plaza Sant Miquel, o en el recinto ferial de La Farga de
L'Hospitalet de Llobregat, donde el Ayuntamiento ha centralizado las peticiones
de miles de personas para obtener la documentación necesaria antes del último
paso para regularizar su situación.
Valencia
En Valencia Acull, Felipe lleva desde primera hora de
la mañana dando información a las decenas de personas que se concentran a las
puertas. Contrasta esta imagen con la de la Oficina de Extranjería, apenas a
unas calles, en el mismo barrio de Orriols. Allí no hay nadie y la atención con
cita previa arranca a partir de las 16 horas. Melinda, cubana, llega despistada
buscando el certificado de vulnerabilidad. "Llevamos toda la mañana dado
tumbos de un lado para otro", cuenta. El conserje la dirige a los
servicios sociales o a una entidad colaboradora. "Claro, allí nos los
manda a toca para acá, sin darles más información", lamenta Felipe.
A su alrededor se agrupa un grupo de marroquís a los
que Fátima traduce. Apenas hablan castellano. Ellos ha ido a las oficinas de
Ayuntamiento y han solicitado ese certificado, pero no comprenden que ese solo
sea el primer paso.
"Es la puerta B de la regularización, la más
laxa, porque todo el que no tenga papeles es vulnerable", insiste Felipe.
En Valencia Acull no admitirán peticiones hasta el jueves, "porque no
tenemos claro cómo hay que certificar esa situación, el Real Decreto no deja dudas
y no queremos equivocarnos", insiste.
El estrés de las personas a las que se le abre la puerta a una vida mejor no entiende muchas veces de plazos. Ni de papeles, porque cada historia es única. Laura pidió en La Palmas la regularización por protección internacional, pero ahora vive en Torrent y sabe que esta es la vía más rápida.
La vulnerabilidad es el trámite que está colapsando.
"No solo hay que presentar la solicitud, sino que hay que hacer
entrevistas de seguimiento individual de cada caso. Y eso lleva un
tiempo", explica de nuevo a todos Felipe. Él sabe que esa tarea va a
recaer en las entidades colaboradoras.
También está colapsado el Ayuntamiento de Valencia y
las colas rodean el edificio trasero. "Ya no podemos atender más hoy, lo
siento mucho", decía una funcionaria a las 12 de la mañana a una cola en
la que aún estaban un centenar de personas. Alguna busca también el certificado
de empadronamiento especial, porque viven en habitaciones compartidas. En los
casos que hablan castellano, es más fácil. Para quien no, todo es más
complicado porque no hay traductores más allá del teléfono móvil.
Por eso algunos alcaldes ya han manifestado sus
quejas. En Valencia hace días que hay colgado un cartel que remite cualquier
consulta a la Oficina de Extranjería. "¿Cómo se hace este proceso sin
tener en cuenta a los ayuntamientos y sin clarificar algunos extremos del Real
Decreto que son vagos y sin claridad? Si toda esta gente se volcará en las
puertas de las delegaciones de Gobierno otro gallo cantaría", lamentaba la
alcaldesa de Valencia, María José Catalá.
Zaragoza
En Zaragoza se han registrado largas colas desde
primera hora de la mañana tanto a las puertas del Ayuntamiento como en la
Delegación del Gobierno. En el consistorio, la fila obtener la documentación
necesaria para iniciar el trámite de la regularización, daba la vuelta al casi
todo el edificio, con personas esperando desde la madrugada. Unas 15.000
personas podrán acogerse a esta medida en Aragón.
Es el caso de Clement, un ghanés de 35 años que lleva
10 viviendo en España. Asegura no entender muy bien el español, pero expresa en
inglés su ilusión por obtener legalizar su estancia en el país. Desde su
llegada a la Península asegura que no ha parado de moverse de ciudad en ciudad,
en busca de una estabilidad que "es imposible conseguir si no tienes
papeles". Al llegar a Zaragoza consiguió trabajo en un matadero, en el que
recibe un sueldo que le permite ayudar a los familiares que permanecen en
África. "Espero que este proceso nos ayude a mejorar nuestras condiciones
de vida y poder empezar a prosperar de verdad", explica antes de pedirle a
un amigo que le guarde el sitio para ir a por una botella de agua.
Al caminar alrededor de la larga fila, el cansancio
entre quienes esperan es más que palpable. Nadie sabe el tiempo que le puede
quedar apoyado en la fachada del Ayuntamiento, mientras que en el interior los
funcionarios no dan abasto para tramitar con agilidad tal volumen de
solicitudes.
Además, el hartazgo se ve aumentado ante el enorme
revuelo mediático que está teniendo el Real Decreto anunciado por el Gobierno
de Pedro Sánchez. Un grupo de personas de Colombia, que prefiere no dar su
nombre, asegura estar "molesto" por sufrir esa exposición.
"Parece que somos animales que venimos aquí a aprovecharnos, cuando la
realidad es que hemos venido a España a trabajar y aportar al desarrollo del país
como cualquier persona que haya nacido aquí", indica una mujer sentada
sobre su mochila.
Todos ellos han llegado a la plaza del Pilar a las 4
de la mañana, tienen a decenas de personas por delante en la cola y nadie les
ha dado una estimación del tiempo que les queda. "Llevamos muchas horas
aquí, no sabemos si vamos a conseguir hoy la documentación y encima tenemos que
estar aguantando comentarios en redes sociales de gente que no tiene ni
idea", denuncia otro al escuchar la conversación.
A otros, sin embargo, la espera se les está haciendo
más amena. Elmer es de Nicaragua, tiene 28 años y dice que él no tiene problema
en invertir el tiempo que sea necesario en este proceso. Lleva 8 meses en la
capital de Aragón, a la que llegó porque varios de sus familiares llevan más de
12 años residiendo en la ciudad y ya tienen sus papeles. No tiene prisa porque
"después de haber trabajado de mil cosas en esta etapa, ahora voy a poder
encontrar una mayor estabilidad y para eso puedo esperar el tiempo que haga
falta". La fila es tan larga, que él está más cerca del Ebro que de la
puerta del Ayuntamiento.
A escasos metros, otra fila de inmigrantes rodea la
Delegación del Gobierno. Ellos ya han hecho todos los trámites y podrán iniciar
hoy mismo la regularización de su situación. Sin embargo, está habiendo varios
problemas para tramitar la documentación de forma correcta al existir trabas
con el idioma de los solicitantes, lo que lleva a la aparición de errores en
sus papeles.
Murcia
A la Oficina Única de Extranjería en Murcia han acudido
varios ciudadanos a informarse de cómo realizar este procedimiento. Es el caso
de Suat, procedente de Marruecos, que quiere que su hijo, que lleva ocho años
residiendo en España, regularice su situación administrativa. "Yo tengo
papeles, pero mi hijo no puede trabajar y ahora vengo a preguntar -sin cita
previa, asegura- para saber cómo arreglar su situación". "Me enteré
por la televisión y por TikTok y vengo a pedir información porque quiero
conseguirlo", explica.
Una de las caras más conocidas que ha desfilado por la
Oficina ha sido la de Howard Sant Roos, jugador del UCAM Murcia de baloncesto
de origen cubano. Aunque no ha acudido a regularizar su situación -pues lleva
casi cinco años en España y acaba de recibir el pasaporte español- explica que
tiene a "amigos y familiares que están haciendo el proceso". "Lo
hemos conocido por la televisión y las redes sociales. Es como más se informa
la gente para llevarlo a cabo y poder hacerlo bien", ha señalado.
A pesar de que no les ha preguntado todavía cómo han
sido para ellos los trámites, Roos ha señalado no estar seguro de que "sea
tan sencillo como parece". "Sobre todo porque todo el mundo quiere
beneficiarse. Es mucha gente y el mismo proceso. Eso lleva tiempo", ha
dicho.
Por último, Abdoul, también marroquí y eesidente en
Archena desde hace siete años, considera que el proceso "ha sido
fácil", pues "toda la gente ha sido muy amable". Además, comenta
que "tenía todos los documentos listos" y que sólo ha tenido que
entregar el empadronamiento. "Si lo tienes ya es suficiente", ha
asegurado.
En esta línea, Abdoul comenta que es la primera vez
que intenta regularizar su situación, que se enteró de dicha medida por la
televisión y que conoce a "mucha gente" que quiere beneficiarse de
ella. "Estoy muy contento. Han abierto muchas puertas para la gente",
ha finalizado.
Galicia
En Galicia no se han visto grandes colas, pero el
problema se ha concentrado en Vigo, donde la jornada ha amanecido con un atasco
mucho más difícil de detectar, incrustado en los ordenadores. En el primer día
del proceso, nada ha terminado de arrancar y los primeros en llegar apenas han
conseguido completar expedientes porque el sistema no ha respondido, no ha
escaneado documentos, no ha guardado datos y ha obligado a reiniciar una y otra
vez sin que el trámite avanzara.
Diana, venezolana de 44 años, ha llegado a las 7.30
horas y sobre las 13.00 horas seguía en el mismo punto, con un taco de
documentos en una mano y su hija de seis meses en la otra, esperando frente a
una ventanilla que no ha podido hacer nada por ella. "Cumplo todos los
requisitos desde hace años, siempre lo he tenido todo preparado, pero cada vez
que me tocaba presentar el arraigo cambiaban la ley y me quedaba fuera; esta es
la cuarta vez y ahora que por fin puedo, el sistema está colapsado", ha
explicado. Su caso no tiene fisuras sobre el papel, con dos años cotizados en
hostelería, vida laboral acreditada, carnet de conducir homologado,
documentación apostillada, su marido con residencia y su hija mayor ya
regularizada. "Solo faltamos mi hija pequeña y yo, tengo todo,
absolutamente todo", ha insistido, mientras recolocaba unos documentos que
no ha podido entregar.
El fallo ha generado un efecto inmediato. Las citas
estaban fijadas cada 20 minutos, pero si la primera no ha salido, el resto ha
quedado atrapado detrás y la mañana se ha ido acumulando sin margen de
recuperación, con usuarios esperando sin saber si su turno se mantendría o se
perdería en el circuito.
Desde CCOO, el diagnóstico ha sido más amplio y apunta
a un arranque precipitado tanto en lo técnico como en lo organizativo. "Se
ha puesto en marcha con formación a última hora y, en muchos casos, telemática,
sin tiempo real para que los trabajadores pudieran practicar con el
sistema", critica Isaac de las Heras, del sindicato en Correos, que sitúa el
origen del colapso en la combinación de un programa nuevo implantado sin fase
de pruebas y un volumen de citas elevado desde primera hora.
A eso se suma, según detalla, un despliegue limitado
que ha concentrado la presión en pocos puntos. "Correos tiene más de 2.300
oficinas en toda España y se han habilitado en torno a 300 o 350; en la
provincia solo Vigo y Pontevedra, lo que obliga a mucha gente a desplazarse y
genera cuellos de botella desde el inicio". El representante sindical
apunta además a la falta de refuerzos específicos y a la ausencia de un periodo
de rodaje previo que habría permitido ajustar fallos antes del arranque real,
aunque introduce un matiz de previsión. "Es un proceso muy complejo, con
mucho volumen y muchos requisitos, y los primeros días suelen ser de ajuste. Lo
normal es que con el paso de las jornadas y la práctica el sistema se
estabilice y acabe funcionando con normalidad".
Mientras tanto, la espera se ha sostenido en historias
concretas. Diana, entre papeles y la niña en brazos, lo ha resumido con una
mezcla de cansancio y determinación. "Es una pena que pase esto, pero me
quedaré aquí lo que haga falta. Es una oportunidad única y al final esto es mi
vida".
A unos metros, Pedro y Amanda, brasileños de 29 años y
con tres en España, aguardaban con dos hijos pequeños que correteaban
intentando matar las horas muertas entre la espera y el cansancio.
"Trabajamos en negro porque tenemos que llevar comida a casa, o trabajas o
pides ayuda y nosotros preferimos trabajar", han explicado, él en
construcción y ella en limpieza. Salieron de Brasil por la inseguridad y ahora
buscan estabilidad. "Vinimos a España para trabajar y vivir tranquilos,
queremos los papeles para hacerlo legalmente, cotizar y tener respaldo si pasa
algo".


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