La poderosa Marie Le Pen condenada a tres años de cárcel por malversacion de fondos del Parlamento Europeo; llevará brazalete o tobillera electrónicos

PARÍS, Francia (7 Julio 2026).- Después de largos meses de suspense, el Tribunal de Apelación de París ha dictado este martes una sentencia de gran calado político, pero muy compleja y sutil. Marine Le Pen ha sido de nuevo condenada por malversación de fondos del Parlamento Europeo, aunque no ha quedado claro si se presentará a las presidenciales de la próxima primavera.

La pena recibida por la líder de la extrema derecha francesa es de tres años de cárcel, uno de ellos firme, y la obligatoriedad de cumplirlo llevando brazalete o tobillera electrónicos en las salidas de su domicilio. Además, ha sido condenada a 45 meses de inelegibilidad, pero solo 15 efectivos (ya purgados) y 100.000 euros de multa.

Con independencia de un recurso al Tribunal de Casación (equivalente al Supremo español), jurídicamente sí sería posible que concurriera a los comicios, si bien de manera precaria y humillante. Sin embargo, ella ha dicho varias veces que no estaba dispuesta a hacer campaña llevando puesto un sistema de control a distancia que le obligaría a pactar previamente todos sus movimientos, que incluirían viajes transoceánicos a territorios franceses de ultramar y posibles visitas a líderes extranjeros. No es forzoso que deba llevar siempre durante un año el brazalete o tobillera. Por buena conducta podría reducirse el tiempo, aunque siempre por decisión discrecional del juez de aplicación de penas.

Se espera que esta noche, en el telediario de la primera cadena, TF1, dé una respuesta definitiva, pero también podría optar por retrasarla dada la compleja situación. Una reunión en la sede del partido servirá para analizar los pros y contras, un momento nada fácil. Si no es ella la candidata, se presentará su delfín -y ya presidente del partido-, Jordan Bardella, de solo 30 años. Las próximas presidenciales se celebrarán el 18 de abril del 2027, el primer turno, y dos semanas después, el 2 de mayo, la segunda ronda.

El principal abogado de la dirigente ultraderechista, Rodolphe Bosselut, se mostró “parcialmente satisfecho” por la sentencia por “la inflexión considerable” en el terreno de la inelegibilidad respecto al primer juicio y la mención de la libertad de los electores”.  “Ahora reflexionaremos juntos sobre la decisión”, añadió el letrado.

Le Pen, que vestía una chaqueta rosa, llamó la atención al entrar en la sede judicial con una mano en el bolsillo, un gesto que fue interpretado de manera contradictoria, como señal de tranquilidad, para algunos, o de tensión, para otros. Detrás iba el alcalde de Perpiñán y vicepresidente del RN, Louis Aliot -expareja de Le Pen-, también condenado.

Los hechos por los que fueron condenados Le Pen y su partido sucedieron entre el 2004 y el 2016. Se calcula que el daño económico infligido al Parlamento Europeo por la malversación se elevó a 2,8 millones de euros. Los abogados de la defensa insistieron en que, durante esa época, existía una “zona gris” sobre la actividad de los asistentes parlamentarios en Bruselas y Estrasburgo, y que en cualquier caso no hubo intencionalidad ni lucro personal. La propia Le Pen reconoció haber cometido “errores” en este asunto, aunque no un delito. Los asistentes parlamentarios pagados por la Eurocámara no trabajaban en ella sino para el partido, en Francia. Era una manera de ingresar dinero y de dar un sueldo a gente de confianza.

El Tribunal de Apelación estimó que la malversación de fondos europeos fue algo “grave”, por diversas razones, porque se desarrolló durante muchos años y porque se trató de una suma elevada. Los jueces consideraron que el sistema supuso un descrédito para las instituciones europeas y una “ruptura de igualdad” respecto a otras fuerzas políticas. Más tarde se hizo público un comunicado para matizar que han sido más flexibles y proporcionales en la condena de inelegibilidad porque en el momento de los hechos no era de cumplimiento inmediato y porque, conscientes del impacto en las presidenciales, han querido respetar “la libertad de opción del elector, condición de la expresión del sufragio democrático”.

Marine Le Pen, a punto de cumplir 58 años, heredó de su padre, Jean-Marie, un movimiento político que supo transformar -y moderar- para convertirlo, en la presente legislatura, en el grupo más numeroso en la Asamblea Nacional. Asumió la presidencia del Frente Nacional (luego rebautizado Reagrupamiento Nacional) en el 2011, un cargo que ocupó hasta cederlo a Bardella en el 2021. En sus tres candidaturas consecutivas al Elíseo (2012, 2017 y 2022), Le Pen obtuvo cada vez mejores resultados, hasta el alcanzar el 41,45% de votos en la segunda vuelta del 2022.

Entre las reacciones a la sentencia hubo unanimidad en la izquierda de que Le Pen no puede moralemente aspirar a la presidencia después de una condena tan dura, a pesar de que le deje la posibilidad de presentarse.  “Bienvenidos a la República de los brazaletes electrónicos”, declaró el diputado François Ruffin, él mismo -entre muchos otros- aspirante a la primera magistratura. Varios dirigentes socialistas calificaron al RN de partido corrupto. El jefe de su grupo parlamentario, Boris Vallaud, llamó “delincuente” a Le Pen. Para la dirigente ecologista Marine Tondelier, “las restricciones del brazalete electrónico parecen poco compatibles con una campaña presidencial”.

Desde Siria, donde se halla de visita, Emmanuel Macron no quiso pronunciarse. “Lo que es sano para la democracia es que el presidente no comente las decisiones de la justicia”, afirmó.

 

Por EUSEBIO VAL

Corresponsal La Vanguardia en París

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