Espionaje masivo: Rebelión en EE.UU. por las cámaras Flock que policías usan para extorsiones amorosas o perseguir abortistas

NUEVA YORK (14 Agosto 2026).- Allá donde cualquiera haya ido en Estados Unidos, Flock lo sabe.

Las cámaras de Flock, compañía tecnológica policial que rastrea los movimientos de los vehículos, se han hecho omnipresentes en las calles estadounidenses y los ciudadanos están que trinan por esa brutal invasión en su privacidad. Sienten una amenaza casi existencial por el uso de los datos recopilados. Diversos casos les dan la razón y animan a la violencia contra esos ojos que todo lo ven.

Asuntos internos del Departamento de Policía de Milwaukee determinó que el agente Josue Ayala echó mano de la información recopilada mediante ese sistema para conocer la ubicación de su compañera sentimental en 124 ocasiones y la de la expareja de ésta en 55.


Una cámara Flock monitoriza el tráfico en Washington
Una cámara Flock monitoriza el tráfico en WashingtonJIM LO SCALZO / EFE

Tres miembros del equipo del sheriff del condado de Bibb (Georgia) fueron detenidos esta semana por utilizar estas cámaras para acosar y seguir a personas. Los uniformados utilizaron los datos de matrículas para rastrear a personas con las que mantenían “una relación personal en ese momento”, informó la oficina del sheriff.

Este caso es uno de los últimos conocidos que han suscitado preocupación por la aplicación indebida de los resultados de esta red de lectores de matrículas, ampliamente establecida en EE.UU.

La empresa Flock ha instalado 120.000 dispositivos de este tipo sobre postes de alumbrado y en las esquinas de las calles de todo el país. Fotografían los coches que pasan y registran el número de cada matrícula. Pueden identificar la marca y el modelo de un vehículo, así como sus abolladuras y golpes, e incluso las pegatinas del parachoques.

Todo esto se incorpora a una enorme base de datos cuyo acceso pagan los departamentos de policía. Esos departamentos pueden, y normalmente lo hacen, compartir sus datos con otros cuerpos policiales, creando una red nacional.

Flock sostiene que sus cámaras ayudan a rastrear coches robados, localizar delincuentes y resolver delitos. Esta firma empezó a asociarse con departamentos de policía hace menos de seis años y ahora tiene contratos con 7.000, lo que supone el 40 % del total en el país.

Pero esta red de vigilancia se ha extendido tanto que se ha convertido en una realidad casi invisible de la existencia cotidiana. La empresa afirma que escanea 20.000 millones de matrículas al mes. Para poner esa cifra en perspectiva, y puesto que hay unos 300 millones de vehículos de motor registrados en EE.UU., un coche es escaneado, de media, unas 800 veces al año, a partir de los cálculos de The New York Times.

A esta alturas ya no sorprenden los tentáculos del Gran Hermano orwelliano, pero si la capacidad masiva de este proyecto. Los policías pueden consultar las bases de datos de Flock para rastrear a personas con todo lujo de detalles sin necesidad de una orden judicial. Los agentes fronterizos (ICE) recurren a esto para perseguir a inmigrantes. Existe el caso constatado de un agente de Texas que lo uso para seguir a una mujer a través de las fronteras estatales por la sospecha de que se había sometido a un aborto.

Esto ha provocado que estas cámaras sean objeto de una gran aversión y no faltan actos de violencia propiciados por el afán de destruirlas. La empresa anunció este jueves que implementará medidas de protección en sus productos para evitar el mal uso y calmar la furia ciudadana.

Los cambios incluyen reducir el período durante el cual conserva por defecto los datos sobre los movimientos de las personas, pasando de un mes a una semana. En los asuntos en que un agente quiera conservar la información más tiempo, se le pedirá que introduzca un número de caso.

Además, Flock también tiene previsto incorporar un sistema denominado Asistencia para auditorías, que bloqueará el acceso de un usuario cuyas búsquedas muestren “actividad anómala”, según el comunicado de prensa. 


Por FRANCESC PEIRÓN/Corresponsal La Vanguardia en Nueva York

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