Papa León XIV: "reconocer en cada menor migrante la presencia de Cristo"
CIUDAD DEL VATICANO (14 Agosto 2026).- El Papa, en su mensaje para la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebrará el 27 de septiembre, reclama una respuesta internacional centrada en la dignidad y los derechos de los niños y adolescentes migrantes y refugiados, víctimas de guerras, violencia, trata, explotación y separación familiar.
El próximo 27 de
septiembre se celebra la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, el
Papa León XIV, en su mensaje llama a proteger a los menores migrantes y
refugiados: «Incluso uno solo de estos pequeños». Este es el lema, tomado del
Evangelio. El Papa recuerda que cada menor desplazado tiene un rostro, una
historia y una dignidad que no pueden quedar ocultos detrás de las
estadísticas, hace un llamado a poner en el centro la dignidad y los derechos
de los niños y adolescentes que sufren desplazamiento, violencia, separación
familiar, trata y explotación. Pide no reducir a los menores migrantes a cifras
y reclama una respuesta coordinada que garantice protección, acogida, educación
e integración.
León XIV invita a las
comunidades a acompañar a los menores desplazados y a convertirse en «signos
vivos y creíbles del Evangelio». Invita a no mirar hacia otro lado. Para León
XIV, la defensa de los menores migrantes no puede esperar: cuando está en juego
la dignidad de un niño, basta incluso uno solo para reclamar la responsabilidad
de todos.
Los menores, los más
vulnerables de los flujos migratorios
En su mensaje para la
Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, León XIV pone el foco en una de
las dimensiones más dolorosas de las migraciones contemporáneas: la situación
de los niños y adolescentes obligados a abandonar sus hogares. Millones de
niños y adolescentes se ven obligados cada año a dejar sus lugares de origen
debido a guerras, pobreza, violencia, desastres medioambientales y otras
tragedias. Para León XIV, esta realidad exige una respuesta que no sea
únicamente política o administrativa, sino también profundamente humana.
“El sufrimiento no se
limita al desplazamiento, hay niños muy pequeños que han perdido a sus padres,
hermanos, hermanas y amigos, y que son testigos de una violencia
indescriptible. Otros, separados durante largos períodos de sus familiares,
intentan reunirse con ellos, viviendo entre tanto, la angustia de la distancia.
Hay también menores que afrontan el viaje junto a sus padres, pero expuestos a
condiciones extremas y traumáticas. Por último, no podemos olvidar la trágica
situación de quienes son separados de sus padres a causa de la repatriación.”
Violencia, separación y explotación
El Pontífice alerta
de que muchos menores migrantes sufren pérdidas, violencia y largas
separaciones familiares durante sus desplazamientos. También denuncia la dureza
de las rutas migratorias y la separación de niños de sus progenitores durante
procesos de repatriación. A estas situaciones se añaden peligros como las
muertes durante las rutas migratorias, la trata de personas, la explotación, el
reclutamiento de menores para conflictos armados, la violencia sexual y los
matrimonios forzados.
«Su dignidad se ve
pisoteada en demasiadas formas», denuncia León XIV.
«Incluso uno solo de estos pequeños»
Con su mensaje, el
Pontífice llama a mirar a cada uno de estos pequeños, a cada rostro, el lema es
tomado de las palabras de Jesús: «El que
acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí». Para el Papa, la
cuestión no puede abordarse únicamente desde las cifras de desplazados o las
estadísticas migratorias. El Evangelio, sostiene, invita a cambiar la mirada:
«incluso uno solo».
Cada niño y cada ser
humano poseen una dignidad que no depende de su nacionalidad, situación
administrativa o condición migratoria. Por ello, ante cada menor migrante, la
sociedad está llamada a realizar un acto de humanidad y de fe. León XIV vincula
esta responsabilidad con otra afirmación evangélica: «fui forastero y me
hospedaron». Y recuerda al Papa Francisco:
“El papa Francisco,
en el mensaje con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de
2017, dedicada al tema «Emigrantes menores de edad, vulnerables y sin voz»,
recordaba que estos «se encuentran desprotegidos por tres motivos: porque son
menores, extranjeros e indefensos; por diversas razones, son forzados a vivir
lejos de su tierra natal y separados del afecto de su familia».”
Una responsabilidad
que comienza en los países de origen
En su mensaje, el
Papa, además de reclamar protección a los migrantes en los países de tránsito y
destino, considera necesario actuar también en los lugares de origen para
eliminar las causas que obligan a los menores a abandonar sus hogares.
“Lamentablemente, los
menores emigrantes se ven más fácilmente relegados a la invisibilidad, al
carecer de adultos que los protejan y los apoyen. Es necesario intervenir en
los países de origen para eliminar las posibles causas que les obligan a huir,
además de ofrecer protección y acogida en los países de tránsito y de llegada.”
La protección de la
infancia migrante, por tanto, requiere abordar las condiciones que generan el
desplazamiento forzado y, al mismo tiempo, garantizar seguridad y acogida
durante todo el proceso migratorio. León XIV advierte que no es posible
acostumbrarse al sufrimiento de los menores desplazados. Evoca el relato del
Éxodo, en el que Dios escucha el clamor de un pueblo sometido a la opresión,
para subrayar que el sufrimiento de los niños interpela directamente la
conciencia y la acción de las personas.
Una tarea para cada persona
El Papa dirige
también un llamamiento a la responsabilidad individual. Invita a abrir los ojos
y el corazón para conocer las historias, los miedos y los sueños de los menores
migrantes. La prioridad, afirma, debe ser reconocer al niño en su dignidad
antes que en su condición de «migrante».
“Incluso uno solo de
estos pequeños nos llama, en nuestra vida personal, a abrir los ojos y el corazón
para escuchar en profundidad su historia, sus miedos y sus sueños, superando
esa indiferencia que reduce al ser humano a un dato estadístico que no nos
afecta directamente. Es una invitación a reconocer al niño en su dignidad, aún
antes que en su condición de “migrante”, y a proteger sus derechos
fundamentales: a la vida, a la educación y a un nivel de vida que le permita
crecer y desarrollarse plenamente desde el punto de vista físico, mental,
espiritual, moral y social.”
La Iglesia, llamada a convertir la hospitalidad en
práctica
En el ámbito
eclesial, León XIV reclama que la hospitalidad deje de ser únicamente un
concepto y se convierta en una práctica pastoral permanente. La
responsabilidad, señala, no puede recaer exclusivamente en organizaciones especializadas.
Toda comunidad cristiana está llamada a considerar a los menores migrantes y
refugiados como parte de su propia familia.
“No podemos
limitarnos a delegar esta tarea a instituciones o asociaciones dotadas de un
carisma específico: ante los rostros concretos que nos interpelan en el día a
día, toda la comunidad cristiana está llamada a sentirlos como a sus propios
hijos y a acercarse a la historia concreta de cada uno. Es necesario animar a
las comunidades cristianas a integrar y valorar a los refugiados e inmigrantes
como miembros de pleno derecho de la familia eclesial, promoviendo nuevos
itinerarios educativos y espirituales, incluso personalizados, que superen la
lógica del puro asistencialismo.”
Una de las
preocupaciones destacadas es la soledad, el aislamiento y el rechazo que pueden
experimentar tanto los menores recién llegados como los hijos de familias
migrantes. Frente a ello, plantea crear espacios de encuentro entre jóvenes del
territorio y jóvenes inmigrantes, basados en el respeto, la solidaridad y la
amistad.
Un desafío compartido entre las religiones
León XIV extiende al
ámbito interreligioso su llamado a proteger a los menores, cuya vulnerabilidad
no conoce fronteras confesionales. Y señaló que las comunidades religiosas
pueden colaborar para crear redes de protección y espacios donde se respete la
identidad cultural de cada niño y niña. Esta cooperación, dijo, también puede
ayudar a prevenir la exclusión y el riesgo de radicalización por parte de
grupos extremistas. Para el Papa, proteger a un menor significa además
custodiar la huella de Dios presente en él.
Las instituciones deben poner al menor en el centro
“Las instituciones
públicas y privadas están obligadas a situar en el centro la protección y la
dignidad de cada niño y adolescente. Esto implica la adopción de instrumentos
jurídicos eficaces de protección, promoviendo la reunificación familiar y
evitando los traumas de la separación.”
León XIV propone, en
este contexto, modificar el enfoque del debate migratorio: pasar de una
preocupación centrada exclusivamente en la gestión de los flujos a una
perspectiva que priorice la protección inmediata de los derechos humanos. El
Pontífice reclama así una respuesta coordinada, solidaria y eficaz, capaz de
garantizar protección, acogida y oportunidades reales de integración.
Por PATRICIA YNESTROZA/Vatican News


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